¿Aún no es babeliano?
Para las empresas alemanas, Bulgaria sería un lugar atractivo si no fuese por la corrupción. Aun así, Mitko Vassilev, director de la Cámara de Comercio e Industria Germano-Búlgara en Sofía, se muestra optimista.
Caminando o en el taxi, en la televisión o en la radio, los búlgaros escuchan con entusiasmo el pop chalga. Los críticos lamentan el estilo “hortera” del último grito del folklore de Bulgaria.
En Bulgaria, las familas acomodadas se protegen de las clases desfavorecidas a través de las llamadas “comunidades de puertas cerradas”.
En Berlín, la demolición del Palacio de la República -una reliquia de los tiempos del comunismo- es inminente. Construcciones similares existen en otros países del antiguo bloque del este, cada una con su particular historia.